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martes, 7 de septiembre de 2010

SABER ESCUCHAR


Escuchar con atención es un valiosísimo y generoso acto de voluntad como un proceso mental inteligente, no obstante hoy en  día en nuestras comunicaciones diarias nos aseguramos de ser comprendidos aunque esto no siempre sea cierto. El disponer de tiempo para escuchar consiste en asumir una actitud de respeto frente a lo que nos quieren comunicar.
Acoger la comunicación de una persona es focalizar la atención en el contenido de esta, lo cual hace que la persona que nos envía el mensaje se sienta satisfecha, por medio de la comunicación las personas fortalecen la confianza, permitiéndonos expresarnos, aunque al escuchar a una persona no significa estar siempre de acurdo con el contenido del mensaje.
Existen varios niveles cuando escuchamos a los demás podemos no escuchar nada en absoluto “ignorándola”, podemos fingir, podemos escuchar selectivamente, escuchando solamente ciertas partes de la conservación, podemos tomar una posición de escucha activa prestando atención en las palabras que se pronuncian y por ultimo pero la menos usada es las escucha empática, la cual consiste en escuchar no solo con los iodos sino con el corazón y con el cuerpo.
Todas las personas necesitan ser escuchadas con respeto y cortesía lo que queremos expresar, sin embargo tendemos a sentirnos frustrados pues muy pocos dominan el arte de saber escuchar. Olvidándonos que el éxito social se basa en las buenas relaciones con nuestros amigos y personas de las cuales necesitamos lograr una forma de liderazgo sobre ellos.
Cuando somos escuchas abrimos nuestro interior, creencias y valores, dándonos la oportunidad de acercase, desahogarse y crear un vinculo duradero, pero lamentablemente tenemos grandes errores para lograr crear ese vinculo duradero, errores como, brindar poca atención, interrumpir repetidamente la conversación, reaccionar impulsivamente ante cualquier discrepancia, tratar temas que generen enemistad, desviarnos e ignorar el interés del otro , alzar el tono de la voz y criticar a las personas que están ausentes.

Incurrir en los errores frecuentemente nos genera conflictos en nuestra vida social, perdiendo las vías de comunicación que nos permiten entender y resolver discrepancias con los demás.