Con
el objetivo de disminuir la pobreza, el Gobierno emprende un ambicioso proyecto
que pretende vincular al sector privado en el desarrollo y patrocinio de
programas educativos para los jóvenes de Familias en Acción.
El
diagnóstico es aterrador: el 27 por ciento de los muchachos pobres, de los
estratos 1 y 2, ni estudia, ni trabaja, ni busca empleo. A esto se agrega que
el desempleo en todo el país entre los jóvenes de 14 a 26 años fue de 19,4 por
ciento en marzo-mayo.
Muchos
de los jóvenes pobres que terminan el bachillerato no siguen estudiando y, dice
el director del Departamento de la Prosperidad Social (DPS), Bruce Mac Master,
caen en una situación que es el caldo de cultivo para el pandillismo, el
microtráfico, las bacrim y el embarazo adolescente, uno de los problemas más
sensibles en Colombia y que se concentra, precisamente, en ese grupo.
Apoyar
a esos muchachos mediante la entrega de subsidios para que continúen estudiando
es el foco del programa Jóvenes en Acción, lanzado por el Gobierno el jueves
pasado en Cali, dijo Mac Master.
¿En qué consiste?
Durante
dos años, el Gobierno les entregará alrededor de 200.000 pesos mensuales a
120.000 jóvenes bachilleres del programa Familias en Acción para que estudien, gratuitamente,
una carrera y apartarlos del camino de la pobreza y la informalidad laboral.
Se
trata de unas transferencias condicionadas hacia la formación para el trabajo y
el mejoramiento de sus condiciones de vida.
¿Esa es la cobertura del programa?
Cada
año se gradúan 140.000 muchachos.
Lo
que estamos haciendo es montar un programa que, por ahora, cubre a aquellos que
hemos venido apoyando desde Familias en Acción, a quienes, cuando apenas
nacieron, les dimos el subsidio de nutrición y alimentación a la madre, que
cuando entraron al colegio les dimos el subsidio de educación y el apoyo para
que terminaran el grado 11.
¿El apoyo, entonces, es para 120.000
jóvenes?
El
programa comenzará en el 2013 con 120.000 jóvenes. En el segundo año de su
vigencia, en el 2014, la iniciativa cubrirá simultáneamente a 240.000
estudiantes.
En
general, quienes logran terminar el bachillerato y no pueden o no quieren
seguir estudiando, se sienten atraídos por la informalidad laboral, que es la
mayor competencia que tenemos para tratar de convencerlos de que sigan
estudiando.
¿Del subsidio que les den tendrán que
pagar el estudio?
No,
ese dinero va a ser adicional al estudio que se brindará, en principio, con el
Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).
¿Dónde se emplearán cuando terminen de
estudiar?
Vamos
a hacer un trabajo grande con el sector privado y las regiones, entendiendo qué
recurso humano requiere cada región para su plan de desarrollo.
Es
decir, es necesario preparar a la gente en cosas pertinentes que le permitan
conseguir empleo. Esto es un pacto, porque vamos a tener una conversación
permanente.
¿De qué exactamente hablará con los
empresarios?
En
la siguiente fase del programa, que todavía estamos implementando, y en dos o
tres meses la terminaremos, nos sentaremos con empresarios que tengan interés
en formación de mano de obra en temas especiales.
Por
ejemplo: voy a hablar con los petroleros para saber en qué vamos a formar a la
gente en Puerto Gaitán; con los de la palma, en el Magdalena Medio, etc.
Incluso, voy a invitar al sector privado a que pague la formación.
¿Además de lo que ya las empresas
aportan al Sena?
Claro,
pero hay dos o tres cosas que me preocupan, sitios donde no tenemos suficientes
cupos en el Sena.
También
queremos generar una actividad en términos de formación de capacidades en el
agro, queremos que Colombia entienda su vocación agrícola y que los muchachos
se formen en sus regiones en el tema.
FORMALIZACIÓN
LABORAL: UNO DE LOS IMPACTOS DE ESTE PROGRAMA
Uno
de los objetivos más ambiciosos del proyecto es que estos programas educativos
contribuyan a disminuir las altas tasas de informalidad que hoy caracterizan el
mercado laboral colombiano.
“Cuando
esos muchachos entran al mercado laboral, casi siempre se colocan en un empleo
precario, supremamente informal y mal pago, y es una gran pena para nuestra
economía”, sostiene Mac Master.
De
esta manera, se espera que el programa tenga un impacto transversal en la
economía colombiana.
“Si
logramos retirar esa oferta (de 120.000 cada año) del mercado de trabajo, este
tendrá que formalizarse porque deberán pagar a los más adultos lo que deben por
su trabajo. Creo que tiene muchas virtudes”, señala el funcionario.
Jorge
Correa C.
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